domingo, 1 de marzo de 2015

Zen

El despertar, dentro del budismo Zen, tiene carácter súbito pero, debido a los numerosos obstáculos a los que nos enfrentamos, muchas veces requiere de una constante práctica y ejercicios para ser alcanzado. Para expresar esta verdad, el Zen elaboró unas figuras referentes al “Pastoreo del buey”, que se hicieron muy populares y que representan las diversas etapas del proceso de despertar. El buey, en esta historia, simboliza nuestra mente, la cual puede llegar a ser una buena sirvienta, pero es pésima en su rol de ama. A continuación, las diez figuras que describen la búsqueda, la domesticación y el pastoreo del buey, simbólicamente el proceso de despertar de nuestra mente.






1. Buscando al buey
El buey nunca se hubo perdido. ¿Qué necesidad hay de buscarlo? Solamente porque estaba separado de mi verdadera naturaleza, es que no pude encontrarlo. Debido a la confusión de los sentidos, estoy perdiendo sus huellas. Lejos de casa, miro las encrucijadas, pero ¿cuál es el camino correcto? nunca lo sé. La codicia y el miedo, el bien y el mal me confunden y me enredan cada vez más.






2. Hallando las huellas
Comprendiendo las enseñanzas, empiezo a descubrir las huellas del buey. Luego, aprendo esto: así como muchas herramientas están hechas del mismo metal, así también millones de entidades están hechas del mismo ser. A menos que yo discrimine entre ellas, ¡no es posible que perciba la verdad como si fuera mentira! Aunque todavía no he entrado por la puerta, aun así ya puedo vislumbrar cuál es el camino, gracias a las huellas.






3. Percibiendo al buey
Cuando uno escucha la voz, se puede saber de dónde proviene. Tan pronto como los seis sentidos emergen, se traspasa la puerta. Dondequiera que uno vaya, se puede ver la cabeza del buey que está en todas partes: como la sal en el agua o el color en la sustancia. Esta sublime visión ya no se aparta de mí.





4. Atrapando al buey
El habitó los bosques por largo tiempo, pero ¡hoy va a ser cautivado! El caprichoso paisaje obstruyó la visión. Añorando los dulces pastos, el buey empezó a deambular otra vez. Su mente aún es desenfrenada y poco perseverante. Para someterlo, tendré que usar mi látigo.







5. Domesticando al buey
Cuando un pensamiento surge, otro lo sigue. Cuando el primero salta desde la iluminación, todos los subsiguientes son verdaderos. Por culpa de la falsa ilusión, uno hace todas las cosas inciertas. La falsa ilusión no está causada por la objetividad, sino más bien es el producto de la subjetividad. La tarea es: sostener las riendas firmemente y no permitir las dudas.



                                                                               



6. Cabalgando al buey camino a casa
El forcejeo está superado; tanto las victorias como las derrotas fueron asimiladas. Canto la canción del guardabosque y afino mi tonada para jugar con los niños. Montado en el buey, observo las nubes. Camino hacia adelante, sin preocuparme por si algo o alguien pueda hacerme retroceder





7. Yendo más allá del buey
Todo es uno, no hay dualidad. Para nosotros, el buey es tan sólo un tema pasajero. Es sólo como si fuera una trampa puesta para capturar al conejo o una red para pescar al pez. Esto se parece al oro que se asoma de la escoria o a la luna que emerge de entre las nubes. Un camino claramente iluminado a lo largo del tiempo, sin fin.


                                                                    


8. Yendo más allá del buey y de uno mismo
La mediocridad se ha ido. La mente está despejada de las limitaciones. No estoy buscando un estado de iluminación. Tampoco continuo donde la misma no exista. Desde que no persisto en ninguna condición, los ojos de los otros no pueden verme. Aunque miles de aves desparramaran flores sobre mi camino, para mi, semejante elogio no tendría importancia alguna.








9. Alcanzando la fuente
Desde el comienzo la verdad era clara. Suspendido en el silencio, observo las formas integrando y desintegrándose. Uno que no tiene apego a las formas no necesita ser re-formado”. El agua es verde esmeralda, la montaña es azul índigo y contemplo aquello que es creado y aquello que es destruido.





10. Entrando al mundo
Estando al otro lado de la puerta, ni diez mil sabihondos sabrán quién vive allí. La belleza de mi jardín es invisible. ¿Por qué debería uno buscar y seguir las huellas de los que nos precedieron? Me voy al mercado con mi botella de vino y retorno a casa con mis cosas. Hago una visita al mercado y a la tienda de vinos, y cada cual a quien miro, se convierte en iluminado.






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